Redacción por: Ingrid Suárez
SANTO DOMINGO, RD. Cada 22 de abril, el mundo se une para celebrar el Día Internacional de la Madre Tierra. Sin embargo, más que una fecha en el calendario para compartir una foto bonita en redes sociales, este día es un recordatorio urgente de nuestra vulnerabilidad y de la profunda conexión que tenemos con este punto azul pálido que flota en el espacio. Hablar de la Tierra no es hablar de algo ajeno o distante; es hablar de nuestra propia supervivencia, de nuestra salud y del legado que dejaremos a quienes aún no han nacido.
Un tejido vivo que nos sostiene:
A menudo olvidamos que la Tierra no es solo un escenario donde transcurre nuestra vida; es un organismo vivo y complejo que nos provee de todo, absolutamente todo, lo que necesitamos. Desde el aire que llena nuestros pulmones hasta el agua que calma nuestra sed y los alimentos que nacen de sus suelos. Cada ecosistema, desde la selva más densa hasta el océano más profundo, cumple una función vital. Cuando dañamos un hilo de este tejido, la red entera empieza a deshilacharse.
Cuidar el planeta no es una opción "eco-amigable" o un pasatiempo para unos pocos; es una necesidad humana y ética. En todos los ámbitos —desde la economía hasta la salud mental— la salud de la Tierra dicta la nuestra. Un suelo contaminado se traduce en alimentos menos nutritivos; un aire gris se convierte en enfermedades respiratorias; y la pérdida de biodiversidad nos deja más expuestos ante crisis que apenas alcanzamos a comprender.
Nuestro compromiso:
Para que la conmemoración de este día tenga sentido, el cuidado debe ser integral y humano:
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En lo personal: Redescubrir el asombro por la naturaleza. No podemos proteger lo que no amamos. Reducir nuestro consumo, reciclar y ser conscientes de nuestra huella de carbono son actos de respeto hacia nuestra propia casa.
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En lo social: Promover la justicia ambiental. A menudo, las comunidades más vulnerables son las que más sufren el impacto del cambio climático. Cuidar la Tierra es también cuidar al prójimo.
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En lo político y económico: Exigir y practicar una sostenibilidad real. Ya no basta con "crecer"; debemos aprender a prosperar en armonía con los límites biológicos del planeta.
Una invitación a la esperanza activa:
A veces, los problemas ambientales parecen tan grandes que nos sentimos pequeños e impotentes. Pero el lenguaje de la Tierra es el de la resiliencia. Cada pequeña acción cuenta: plantar un árbol, proteger una fuente de agua, elegir productos locales o simplemente educar a un niño sobre el valor de un bosque.
El 22 de abril pasó, pero la Tierra sigue aquí, dándonos una nueva oportunidad cada mañana. No necesitamos ser expertos en ecología para entender que nadie cuida su casa prendiéndole fuego. Hoy, la invitación es a mirar a nuestro alrededor con ojos más humanos, a sentir el pulso de la naturaleza y a decidir, de una vez por todas, que seremos los guardianes, y no los verdugos, de este maravilloso planeta que nos permite existir.
La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra. ¿Qué pequeño cambio estás dispuesto a hacer hoy por ella?
La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



