Por: Alison Mentor Reyes-Psicóloga Educativa/ Terapeuta del lenguaje
Hablar de los riesgos psicosociales que enfrentan nuestros adolescentes no es solo un ejercicio académico, es un llamado urgente a la conciencia nacional. Las cifras recientes del CONANI son alarmantes: más de 27,000 casos de menores en situación de vulnerabilidad en 2025, con realidades que van desde el abuso sexual y físico hasta la explotación laboral y el abandono. No son números fríos, son rostros, historias truncadas y futuros que se desmoronan.
Hoy los jóvenes dominicanos se ven atrapados en un entramado de violencia intrafamiliar, consumo de sustancias, situación de calle y migración irregular. Cada uno de estos factores erosiona la salud mental, la capacidad de aprender y la posibilidad de construir proyectos de vida dignos.
La escuela y la familia: primera línea de defensa
La escuela no puede limitarse a transmitir contenidos; debe convertirse en un espacio de detección temprana, prevención y acompañamiento emocional. Los docentes y psicólogos escolares son centinelas que pueden salvar vidas si cuentan con recursos adecuados. La familia, por su parte, necesita recuperar su rol de sostén afectivo. La comunicación, la supervisión responsable y el ejemplo cotidiano son las herramientas más poderosas contra la violencia y la deserción.
El Estado debe ser garante de derechos
El Estado tiene la obligación de garantizar protección legal y programas sociales que ofrezcan alternativas reales: becas, actividades culturales, espacios deportivos y servicios de salud mental accesibles. No basta con leyes en papel; se requiere voluntad política y presupuesto.
Un país en riesgo
Ignorar este fenómeno significa aceptar un futuro marcado por la deserción escolar, el incremento de la violencia y la perpetuación del ciclo de pobreza. Cada adolescente que se pierde en la marginalidad es un talento que el país deja escapar, un ciudadano que pudo aportar a la construcción de una sociedad más justa.
Acciones inmediatas, no podemos esperar, es urgente:
– Fortalecer programas de prevención en escuelas y comunidades.
– Capacitar familias en crianza positiva y comunicación emocional.
– Crear espacios seguros de recreación y cultura.
– Ampliar servicios de salud mental gratuitos y accesibles.
– Campañas institucionales que sensibilicen sobre derechos y riesgos.
Los adolescentes en riesgo psicosocial no son un problema aislado: son el espejo de nuestras fallas como sociedad. La indiferencia nos condena a repetir ciclos de violencia y pobreza. La acción nos abre la posibilidad de un país más humano, más justo y más consciente. ¿Seguiremos señalando culpables entre escuela, familia y Estado, mientras los adolescentes siguen cayendo en el vacío, o asumiremos de una vez la responsabilidad compartida que este problema exige?
CEO Apoyo Psicopedagógico by Alison Mentor
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La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



