
Por: Alison Mentor-Psicóloga Educativa/Terapeuta del Lenguaje
Cada mañana, la Prof. Carmen llega a la escuela entre las 6:40 y las 7:00 AM. Antes de que el acto cívico marque el inicio formal de la jornada, ya ha organizado materiales, revisado cuadernos y preparado actividades para un grupo de casi cuarenta estudiantes de cuarto grado. A veces, antes de entrar al aula, respira hondo y dice que espera que Dios le dé fuerzas para aguantar el día… y que haga “un milagro con esos estudiantes que no han aprendido a leer y presentan necesidades muy profundas”.
En los últimos meses ha tenido que ir varias veces al médico: siente que no tiene energía, le duele la cabeza con frecuencia y, además, su situación económica se ha vuelto cada vez más difícil. Aun así, sigue enseñando. Sigue llegando temprano. Sigue intentando sostener un sistema que, muchas veces, no la sostiene a ella.
La historia de Carmen no es un caso aislado: es un retrato cotidiano del magisterio dominicano, donde el cansancio emocional, las largas jornadas y la presión constante conviven con la vocación y el deseo de que sus estudiantes avancen. ¿Qué nos revela esta realidad sobre el impacto del estrés, la desmotivación y las condiciones laborales en la vida emocional de quienes enseñan cada día?
El peso invisible del estrés docente
El estrés en la docencia no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que ha sido poco atendido. Las fuentes son múltiples: presión del tiempo, relaciones interpersonales tensas, falta de recursos, diversidad de tareas, comportamientos desafiantes en el aula y un clima organizacional que muchas veces exige más de lo que ofrece.
Este estrés sostenido no solo afecta el rendimiento laboral, sino también la salud física y mental: alteraciones del sueño, dificultades de concentración, síntomas de ansiedad y depresión, agotamiento emocional y afectividad negativa. El cuerpo habla cuando la carga se vuelve insostenible.
Afrontar o sobrevivir?
Las estrategias de afrontamiento son las herramientas que las personas utilizan para manejar el estrés. Algunas son efectivas, como la planificación o la aceptación, porque permiten actuar sobre el problema. Otras, como la negación o la desvinculación emocional, solo alejan temporalmente del conflicto sin resolverlo.
En el contexto docente dominicano, la religión aparece como una de las estrategias más utilizadas. Su presencia cultural y social la convierte en un recurso emocional accesible, aunque no siempre suficiente para enfrentar estresores estructurales.
La desmotivación, por su parte, emerge como un factor crítico: cuando aumenta, disminuye la capacidad de planificar y se incrementa el uso de estrategias poco efectivas. La desmotivación no solo desgasta; también limita la acción, nubla la toma de decisiones y debilita la capacidad de respuesta ante los desafíos diarios.
Jornadas largas, ingresos cortos
Otro elemento que influye directamente en el bienestar docente es el ingreso mensual. Cuando este disminuye, la desmotivación aumenta. No es solo una cuestión económica: es una señal de reconocimiento, dignidad y estabilidad.
A esto se suma la carga horaria. Las largas jornadas, muchas veces extendidas más allá del horario formal, incrementan la actitud desvinculante, ese distanciamiento emocional que aparece cuando el agotamiento supera la capacidad de respuesta.
Mirar hacia adentro para transformar hacia afuera
El estrés docente no es un problema individual, sino un fenómeno estructural que afecta la calidad educativa, la salud mental del profesorado y, en última instancia, el aprendizaje de los estudiantes. Reconocerlo es el primer paso; actuar sobre él es una responsabilidad colectiva.
La realidad de Carmen, y de tantos otros docentes, nos recuerda que la educación no puede sostenerse únicamente sobre la vocación. Requiere condiciones dignas, apoyo emocional, recursos adecuados y estrategias de afrontamiento que realmente fortalezcan, no que solo permitan sobrevivir. Si queremos una escuela que transforme vidas, debemos empezar por cuidar a quienes la hacen posible. ¿Qué pasaría si, por primera vez, colocáramos la salud mental docente en el centro de la agenda educativa?
Psicóloga Educativa/Terapeuta del Lenguaje
CEO de Apoyo Psicopedagógico By Alison Mentor
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La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



