Por: Ingrid Suárez
Hoy es 2 de mayo es el Día Internacional contra el Acoso Escolar. Quiero invitarte a detenerte un momento y pensar en algo que nos arruga el alma a todos: el miedo de un niño o adolescente a ir a la escuela. Imagina por un segundo que el lugar donde deberías ir a hacer amigos y aprender, se convierte en el lugar que más terror te da. De eso estamos hablando, de una emergencia que duele en silencio.
A veces, los adultos cometemos el error, casi sin querer, de invalidar lo que nuestros hijos nos cuentan que sienten y piensan, decimos frases como; "son cosas de muchachos" o "eso te ayuda a crear carácter", otro mensaje es el “Ojo por ojo y diente por diente”, Si te dan, dale con más fuerza”. El bullying y el acoso escolar no endurece a nadie, simplemente los quiebra. Destroza el amor propio de nuestros niños y jóvenes, los llena de una ansiedad que no saben explicar, los aísla y, en las historias más tristes, les quita las ganas de vivir. Y cuidado, porque esas heridas no desaparecen por arte de magia cuando nos entregan el diploma de bachiller. ¿Cuántos de nosotros, ya adultos, no seguimos batallando con inseguridades, miedos o coraje porque alguna vez, en el patio del colegio, nos hicieron sentir que no valíamos nada?
En nuestra República Dominicana, el reto que tenemos es grande. Sabemos cómo es el día a día en nuestras escuelas: profesores que hacen lo humanamente posible frente a aulas repletas de estudiantes, muchas veces sin el apoyo de las familias, de los gestores o sin suficientes psicólogos u orientadores que puedan facilitar un mejor nivel de comprensión y orientación sobre el problema para un manejo oportuno. A eso sumémosle que los dominicanos somos alegres, nos encanta el "coro" y el relajo, pero muchas veces se nos pierden los limites, esa la línea entre una broma inofensiva y hacerle daño de verdad a un compañero.
Necesitamos que nuestras escuelas no solo enseñen contenido, sino que respiren empatía; que los maestros, los directores/as, los psicólogos y orientadores, toda la comunidad comprenda el impacto negativo en el desarrollo emocional y psicológico de lo niños/as, adolescentes del Bullying y del Acoso Escolar, que cuenten con las herramientas sobre el tema y las estrategias para poder intervenir, no solo para castigar, sino para sanar los corazones de todos los involucrados.
La realidad es que la escuela no puede con esto sola, el abrazo que cura y protege empieza en la casa. Con padres y madres comprometidos con el bienestar y salud emocional de sus hijos. Se me encoge el corazón de solo pensar que un hijo mío sufra, pero ¿Qué estamos haciendo para evitarlo? Todo empieza por mirarlos de verdad y escucharlos sin juzgar. Si notas que tu hijo de repente anda muy callado, ya no quiere ir a clases, no duerme bien o lo ves triste sin razón aparente, por favor, no mires hacia otro lado, enfócate en escucharlo.
A partir de hoy te invito a que hagamos un trato. El bullying y el acoso escolar se acaba cuando dejamos de ser indiferentes. Cuando entendemos que si el hijo del vecino sufre, también es nuestro problema. Hagamos de nuestras casas y de nuestras escuelas lugares donde lo más normal del mundo sea tratarnos bonito, para que ningún niño, ningún adolescente, nunca más, tenga que fingir una sonrisa para esconder sus lágrimas.
La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



