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No existen estudiantes malos

No existen estudiantes malos

Por: Licda. Aida Rincon-@aidarincon

Hace unos días viví una experiencia sencilla, de esas que parecen cotidianas, pero que terminan dejando una gran lección.

Desde hacía un tiempo tenía pendiente reparar una de las gomas de mi vehículo. Cuando por fin acudí al centro de servicio, me encontré con una agradable sorpresa: uno de los empleados era estudiante del centro educativo donde trabajo. Al reconocerme, me recibió con una sonrisa y una disposición genuina para atenderme. Mientras esperaba, otro joven se acercó y comenzó a hacerme varias preguntas.

—¿Usted conoce a ese muchacho? ¿Cómo se comporta con usted? ¿La respeta? Él tiene fama de ser un mal estudiante y de portarse muy mal.

Sonreí. Le respondí que aún no había sido mi alumno, aunque sabía que era un joven inquieto y travieso. Entonces le pregunté por qué tenía tanto interés en saber mi opinión sobre él.

Su respuesta me hizo comprender muchas cosas.

—Sí, lo conozco. Es mi primo. Tiene muchos problemas familiares y una vida bastante difícil.

Sentí tristeza al escuchar esas palabras. Sin embargo, en lugar de quedarme en la compasión, preferí sembrar esperanza. Les dije que esperaba que ninguno de los dos abandonara sus estudios. Tal vez las circunstancias les hicieran el camino más difícil que a otros, pero lo importante era no renunciar a sus sueños.

El joven me respondió con una frase que aún resuena en mi memoria:

—¡Ay, profe! A veces, si uno no trabaja, no come.

En ese momento llegó su primo para avisarme que mi vehículo ya estaba listo. Fui a pagar, pero antes de marcharme sentí la necesidad de regresar. Lo miré y le dije:

—Prométeme algo.

Con una mezcla de risa y vergüenza me respondió:

—¿Qué, profe?

—Prométeme que el próximo año escolar serás un mejor estudiante.

Bajó la mirada y, con una sinceridad que pocas veces se puede fingir, contestó:

—Profe, lo voy a intentar.

Aquella breve conversación me hizo reflexionar profundamente. Con demasiada frecuencia cometemos el error de mirar primero al estudiante y olvidar al ser humano que hay detrás. Vemos las calificaciones, la conducta o las etiquetas que otros han colocado sobre él, pero ignoramos las cargas que lleva, las heridas que esconde y las batallas silenciosas que enfrenta cada día.

Es muy fácil decir que un estudiante es "problemático" o "mal estudiante". Lo difícil es detenerse a conocer la historia que explica, aunque no justifique, muchos de sus comportamientos. Detrás de la rebeldía puede haber abandono; detrás de la apatía, cansancio; detrás de la indisciplina, un profundo llamado de atención o una necesidad de afecto.

Lo más significativo de esta experiencia fue que, en un contexto completamente distinto al aula, ese joven señalado por muchos como un "mal estudiante" mostró su mejor versión: fue respetuoso, servicial, responsable y dispuesto a ayudar. Allí no vi al alumno etiquetado por sus errores; vi a un ser humano con valores, con dignidad y con un enorme potencial.

 Y justo ahora que estamos a ley de  pocos días para iniciar el nuevo año escolar , como educadores, familias y sociedad, tenemos el desafío de cambiar nuestra mirada. Antes de emitir un juicio, procuremos conocer a la persona. Antes de colocar una etiqueta, intentemos comprender su realidad. Porque las etiquetas limitan, mientras que la comprensión transforma.

Tal vez  ha llegado el momento de dejar de hablar de "malos estudiantes" y comenzar a hablar de grandes seres humanos que necesitan oportunidades, acompañamiento y personas que crean en ellos.

Estoy convencida de que no existen estudiantes malos. Existen historias que aún no hemos escuchado, dolores que aún no hemos comprendido y talentos que esperan a alguien que decida mirarlos con empatía.

Cambiemos la etiqueta de "mal estudiante" por la oportunidad de descubrir a un gran ser humano. Ese cambio de mirada puede marcar la diferencia para toda una vida. Casos como el de Lamine Yamal nos recuerdan el inmenso poder que tiene una oportunidad. Un niño que creció en un contexto de limitaciones encontró personas que decidieron mirar más allá de sus circunstancias y apostar por su talento. Hoy el mundo celebra al futbolista, pero antes alguien creyó en el niño. Esa es, precisamente, la misión de quienes educamos: descubrir posibilidades donde otros solo ven dificultades.

Recordemos esta fase de Rita Pierson : "Todo niño merece respeto y alguien que crea en él."

La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.

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