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El lado invisible del liderazgo

El lado invisible del liderazgo

Redactado por: Alison Mentor /Psicóloga Educativa y Terapeuta del lenguaje

Actualmente, en pleno siglo XXI, persiste un fenómeno que debería alarmarnos: líderes que ejercen el poder desde la imposición, la intimidación y la negación del diálogo, vulnerando los derechos de docentes, estudiantes y familias.  Aunque se hable de ¨gestión¨, ¨orden¨ o ¨disciplina¨, la evidencia muestra que estas prácticas constituyen formas de violencia organizacional que afectan la salud emocional, la convivencia y la calidad educativa. ¿Qué está ocurriendo en los centros educativos?

Investigaciones recientes describen el autoritarismo escolar como ¨la raíz de poder¨ que se despliega mediante prácticas legales, pero éticamente cuestionables, decisiones unilaterales, silenciamiento de voces y mecanismos de control que generan miedo y desgaste emocional.

Un estudio chileno basado en entrevistas a profesionales de la educación documenta diversos niveles de agresividad y efectos emocionales severos en docentes sometidos a directivos autoritarios. Otros análisis coinciden en que este ¨lado oscuro del liderazgo¨ incluye abuso, maltrato laboral, concentración de poder y ausencia de mecanismos internos de justicia organizacional. Blase & Blase (2002), advierten que el maltrato directivo causa efectos adversos en la salud y en las relaciones laborales.

Los efectos del liderazgo autoritario son profundos:

  • Docentes: deterioro del bienestar físico y emocional, pérdida de autonomía pedagógica y disminución del desempeño profesional.
  • Estudiantes: ambientes tensos inhiben la participación, aumentan la ansiedad y reducen la motivación. El autoritarismo es una forma de violencia que afecta el clima emocional del aprendizaje.
  • Familias: se debilita la confianza, se reduce la participación y se incrementan los conflictos cuando la escuela opera desde la imposición y no desde la transparencia.

¿Qué dicen las estadísticas?

Los estudios disponibles coinciden en que se trata de un problema estructural, persistente y sub-reportado.

  • En un estudio con 400 líderes educativos, solo el 56.3% practica liderazgo democrático y el 43.5% transformacional, lo que implica que un porcentaje significativo opera desde estilos más rígidos o verticales, incluyendo el autoritario.
  • Otras investigaciones muestran que el autoritarismo directivo es recurrente y difícil de denunciar debido a la posición de poder de los directivos y la falta de mecanismos internos de justicia organizacional.

¿Quién da seguimiento a estas situaciones?

El seguimiento depende del país, pero en general intervienen:

  • Ministerios de Educación, responsables de supervisión, denuncias y procesos disciplinarios.
  • Unidades de convivencia escolar o bienestar docente, cuando existen.
  • Sindicatos y asociaciones docentes, que documentan casos y brindan acompañamiento.

En pleno siglo XXI, el autoritarismo sigue presente en muchas instituciones, incluso en las escuelas, porque aún persisten estructuras jerárquicas rígidas que normalizan el control y la obediencia. A esto se suma que numerosos directivos acceden al cargo por antigüedad y no por competencias, sin formación en liderazgo ético o democrático, procesos de selección poco transparentes y la débil supervisión institucional. El miedo a denunciar también sostiene este modelo, pues docentes y familias temen represalias. Y, en el fondo, persiste una confusión dañina: se cree que autoridad es imponer, cuando la evidencia demuestra que la ¨mano dura solo genera desgaste y silencio. ¨

Superar este modelo exige un cambio profundo: formar líderes democráticos y éticos, establecer, mecanismos de justicia organizacional y garantizar procesos transparentes de selección y evaluación basados en competencias. La comunidad educativa debe tener voz real en las decisiones, y la cultura escolar debe pasar de la obediencia ciega al diálogo, la colaboración y la visión compartida.

El Estado, por su parte, debe asegurar supervisión efectiva y sanciones claras ante cualquier abuso. Solo así podremos cerrar la puerta al autoritarismo y construir escuelas donde el liderazgo no se imponga, sino que se ejerza con humanidad y responsabilidad. Y ahora la pregunta que nos confronta como sociedad: si sabemos que el autoritarismo destruye comunidades educativas, ¿hasta cuándo seguiremos permitiendo que el miedo gobierne donde debería gobernar el aprendizaje?

 

La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.

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