Autor: Yamire Hernández Escritora
En medio de las múltiples responsabilidades y el ritmo acelerado que caracteriza la vida en el aula, a menudo se pasa por alto el valor de los pequeños hábitos. Sin embargo, dedicar tan solo quince minutos diarios a la lectura puede convertirse en una de las decisiones más significativas del proceso educativo. Esta práctica, aparentemente sencilla, no solo enriquece el aprendizaje, sino que transforma el ambiente escolar, fomenta la concentración y fortalece el vínculo con el conocimiento. Implementar una rutina diaria es, sin duda, una acción consciente con un impacto positivo tanto en docentes como en estudiantes.
Resulta admirable observar cómo este gesto en las aulas se convierte en una puerta de entrada hacia aprendizajes más profundos. Esos minutos iniciales son el prefacio para explorar textos extensos, cuentos o novelas. Es inspirador ver cómo los alumnos disfrutan el momento a través de diversas estrategias: la lectura en coro, en secuencia, en voz alta o en el refugio del silencio. Al integrar dramatizaciones y otras actividades dinámicas, el aula deja de ser un espacio rígido para convertirse en un escenario de experiencias vivas.
Estas prácticas no solo rompen la monotonía, sino que favorecen el desarrollo de competencias esenciales. Mediante una orientación adecuada, los estudiantes logran responder preguntas literales, inferenciales y críticas, al tiempo que fortalecen su expresión escrita creando cuentos y anécdotas que conectan con su propia realidad. El resultado es tangible: un vocabulario más amplio, un hábito sólido y una capacidad de comprensión mucho más crítica.
Si aún no has implementado este hábito, este es el momento de hacerlo, ya sea en el salón, en la biblioteca o al aire libre. Apostar por la lectura es apostar por una educación más humana y transformadora. Como bien afirmaba Paulo Freire: “Educar es una expresión de amor, por tanto, un acto de valor”.
Hoy más que nunca, la educación necesita acciones sencillas pero con significado. No se trata siempre de grandes reformas, sino de decisiones cotidianas que dejan huella. Al abrir un libro, sembramos sensibilidad y futuro; abrimos la puerta a un mundo posible con ciudadanos más críticos y libres.
La invitación está hecha: convierte la lectura en un hábito vivo y reafirma tu compromiso con la transformación real. Cada página leída es una oportunidad ganada para construir un mejor mañana.
La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



