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Cultura

Abril de 1965: Cuando el corazón de un pueblo latió al unísono por la dignidad

Abril de 1965: Cuando el corazón de un pueblo latió al unísono por la dignidad

Redacción: Ingrid Suárez 

SANTO DOMINGO, RD.    Cada 24 de abril, el calendario nos marca una fecha que no es solo historia impresa en papel, sino una herida abierta y una fuente de orgullo profundo en el alma dominicana. Se conmemora un aniversario más de la Revolución de 1965, ese momento crucial en que nuestro país demostró que, cuando la dignidad y el deseo de libertad se unen, no hay poder, nacional o extranjero, capaz de doblegar la voluntad popular.

Más allá de los nombres de los héroes que hoy adornan nuestras calles y monumentos, y de las estrategias militares de las que se habla en las aulas, la Gesta de Abril fue, ante todo, un acto de fe. Fue la fe de un pueblo que creyó ciegamente que una Constitución importaba; que el voto que habían depositado por Juan Bosch no podía ser borrado por la fuerza de las bayonetas. Fue la fe de hombres y mujeres comunes —el sastre, la maestra, el estudiante, el soldado constitucionalista liderado por el inquebrantable coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó— que decidieron arriesgarlo todo, incluso la vida, por un ideal de justicia y soberanía.

Sesenta y un años después, en medio de la comodidad de nuestra democracia actual y el ajetreo de la modernidad, es justo y necesario detenernos a reflexionar: ¿Qué queda de ese espíritu de abril en nosotros? ¿Seguimos valorando la democracia con la misma intensidad con la que aquellos compatriotas la defendieron en las calles de Ciudad Nueva?

Honrar a los mártires y sobrevivientes de abril no puede limitarse a un discurso oficial o a una ofrenda floral. La verdadera forma de conmemorarlos es interiorizar su legado. Es entender que la democracia no es un regalo garantizado, sino una planta que requiere riego constante: el riego de nuestra participación ciudadana, de nuestra exigencia de transparencia, de nuestra lucha incansable contra la corrupción y la desigualdad, y de nuestro compromiso innegociable con el bienestar colectivo.

Hoy, la invitación es a no dejar que Abril sea solo un recuerdo lejano. Que la valentía y el sacrificio de 1965 sigan siendo la brújula moral que nos guíe. Que su llama siga encendida en cada dominicano que sueña y trabaja por una nación más justa, más libre y más digna para todos.

La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.

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