
Por: Ricardo Emilio Decena Benítez
El hombre es uno en su esencia y múltiple en sus manifestaciones.
Eugenio María de Hostos
Partiendo del génesis o inicio de la creación del ser humano, podemos constatar que todas las personas estamos unidos y compartimos la misma razón, la misma dignidad y por consiguiente la misma esencia, esto se debe a la única fuente de donde todos y cada uno de nosotros venimos o procedemos. Aceptar o negar esta realidad, no invalida el hecho de que tenemos el mismo creador, un solo padre común. Elegir con beneplácito o desdén esta innegable verdad, es lo que va a definir, influir y determinar la manera en que nos comportamos y actuamos tanto en la sociedad como en las relaciones interpersonales de nuestro diario vivir.
Ya he sabido que, como personas, venimos de la misma fuente, gozamos de tener esta significativa similitud, que, al intentar ser objetada o negada, la reafirmamos mucho más, porque jamás dejará de ser cierta.
Como nuestra procedencia o fuente de donde salimos es de un ser sagrado, bueno y santo, de un ser que sobre pasa todo entendimiento humano y es de donde también emana o emerge la bondad y el amor infinito, estamos empujados hacer el bien, a servir a los demás de manera incondicional, a ser dignos merecedores de haber sido creados a su imagen y semejanza.
En esencia los seres humanos somos buenos, pero nuestras acciones o manifestaciones muchas veces dicen o demuestran lo contrario y las vuelve cuestionables. “El hombre nace bueno, pero la sociedad lo corrompe.” (Jean Jacques Rousseau) Tomando en consideración esta histórica frase, podemos inferir que las personas nacemos buenas, sin maldad, pero en el proceso de socialización, podemos adquirir una personalidad influenciada y moldeada por el medio o entorno social que altera o corrompe esa bondad con la que nacemos. Aquí se evidencia una de las grandes complejidades de la naturaleza humana, una notable contradicción: esa persona que nació buena al proceder de un ser que es eterna bondad, en el largo devenir de la historia, se ha ido convirtiendo en una desafiante amenaza para los demás; donde debe haber orden impera el caos y la anarquía, donde debe existir paz hay guerra, donde deben resplandecer la solidaridad y el amor, se impone la voluntad y la ley del más fuerte. “(El hombre es un lobo para el hombre.” (Tomas Hobbes)
En la actualidad notamos que el mundo avanza con pasos cada vez más agigantados, la sociedad se ve bombardeada por grandes olas de violencia, atracos, muertes e inseguridad; pero aún en medio de este panorama triste y sombrío, debemos dar un paso al frente y ser resilientes, debemos reinventarnos y resplandecer para enfrentar tanta oscuridad.
La naturaleza humana cambia mucho más lentamente que lo que cambia la tecnología, la moda y las fronteras. Como seres humanos únicos e irrepetibles, seguimos siendo vulnerables al orgullo, vulnerables a la ambición y vulnerables a las promesas demasiado buenas para ser ciertas y que al final son incumplidas.
Si es cierto que fuimos creados por amor, no menos cierto es que estamos invitados a vivir bajo la guía y dirección del Amor de los Amores que nos motiva hacer el bien y a evitar el mal, que nos bendijo con el regalo inmerecido de la vida y la manera en que sepamos vivir esa vida, será el regalo que nosotros les ofrecemos a él, lo que nos compromete a” amar al prójimo como a nosotros mismos.” (Mateo: 22:39).
Solo obedeciendo a esta noble y honrosa invitación de nuestro creador, es que podemos volver a esa fuente del primer amor que es el mismo Dios altísimo de donde brota la plenitud, la paz y el amor. “Nos hiciste señor para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en ti.” (San Agustín)
Por nuestras manifestaciones, tendemos a ser débiles, por nuestra esencia y procedencia, estamos impelidos a ser reflejo de ese Dios vivo que es puro amor, bondad y misericordia; tarea que no es nada fácil, pero tampoco imposible, porque contamos con su gracia, y con él y en él “Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.” (Filipenses 4:13).
La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



