Por Ingrid Suárez, columnista y activista.
SANTO DOMINGO, RD – Cuando la espera institucional devora la esperanza para las familias de niños y niñas desaparecidos en República Dominicana, el tiempo deja de ser solo una medida cronológica y se convierte en una sentencia que sumerge a las familia en el sufrimiento y la incertidumbre. Cada 30 de agosto se conmemora el día internacional de las Víctimas de desapariciones forzadas, para que jamás olvidemos a nuestros seres queridos que han sido victimas de este horrible crimen y que podamos exigir justicia por cada niño y niña desparecido.
El pasado 30 de marzo se cumplio un año de la desaparición del niño Roldany Calderón, de apenas 3 años de edad, reportado como desaparecido en la comunidad de Los Tablones, Manabao, municipio de Jarabacoa, mientras jugaba cerca de su vivienda. También el 31 de agosto se cumplen 8 meses de la desaparición de la niña Brianna Genao, de 3 años, en los alrededores de su vivienda en la comunidad de Barrero, municipio de Imbert, provincia de Puerto Plata.
Hoy contamos con más de 1,640 denuncias de familias de niños y niñas desaparecidos en República Dominicana según datos estadísticos aportados por el Ministerio Público. Desde el primer minuto del año 2022 hasta el 30 de agosto del año 2026, han transcurrido 40,884 horas que se han convertido en lágrimas de impotencia, miedo y ansiedad para las familias dominicana que viven esta realidad.
En la República Dominicana, la desaparición de niños y niñas menores de 10 años entre los años 2022 y 2026 es alarmante. Según los reportes de la Policía Nacional y de la Asociación Dominicana de Familias de Personas Desaparecidas (ASODOFADE), los datos generales acumulados indican que, entre el año 2022 y mediados del 2026, se estima un total de más de 3,313 casos de desapariciones de menores de edad. El año 2025 alcanzó un pico histórico con, 1310 casos al cierre de ese periodo.
Es importante destacar que, durante el periodo 2022 al 2023, se registraron 595 casos de desapariciones en total. De las personas localizadas en este lapso, 150 eran menores de edad. Ahora bien entre 2023 y el 2025, se reportaron más de 1,054 casos, de los cuales más de 454 corresponden a menores de edad; específicamente, 50 casos fueron niños (menores de 12 años) y 404 fueron adolescentes. El año 2025 fue el que registro el más elevado número de reportes de desapariciones de menores de edad.
Geografía de la incertidumbre y el dolor
Las zonas críticas donde se ha registrado el mayor aumento en los reportes de desapariciones de menores de edad son: la provincia de Santo Domingo, que lidera con aproximadamente 1,299 casos desde el año 2022 a la fecha, seguida por el Distrito Nacional y Santiago.
¿Qué hay detrás de las cifras? Los factores que inciden en que los casos continúen en aumento son complejos, por ejemplo:
- Conflictos familiares, pobreza, vulnerabilidad, falta de redes de apoyo y ausencia de protección infantil.
- La migración interna de familias que se mudan de ciudad o sector buscando mejores oportunidades.
- Maltrato infantil
- La trata de personas o captación digital a través de redes sociales.
El rastro que se enfría
Desde 2022, se ha localizado con vida al 80% de las personas reportadas como desaparecidas. Sin embargo, organizaciones como Asociación Dominicana de Familias de Personas Desaparecidas (ASODOFADE) reporta que existen más de 265 casos que permanecen en proceso de búsqueda activa o sin una respuesta definitiva por parte de las autoridades.
Esto representa más de 265 habitaciones que siguen vacías y miles de horas donde la respuesta institucional simplemente no llega. Cuando el Estado falla en la reacción inmediata, no solo se pierde el rastro de un niño; se pierde la brújula moral de una nación que prometió protegerlos.
A partir de todo esto pienso: ¿Quién podrá defender a nuestros niños y niñas en la República Dominicana?, ¿Qué podemos hacer las familias para proteger nuestros niños?, ¿Por qué esperar más 4,884 horas para tener una respuesta concreta de las autoridades?
La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



