
Por: Alison Mentor– CEO de Apoyo Spicopedagógico By Alison Mentor
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En pleno siglo XXI, hablar de educación y crianza positiva puede sonar a un tema ya demasiado explorado. Sin embargo, basta con observar con detenimiento la realidad social para advertir que, pese a los avances en investigación y los nuevos enfoques pedagógicos, estamos frente a un preocupante retroceso.
Los niveles de violencia intrafamiliar, el abandono por negligencia y los riesgos psicosociales en adolescentes han aumentado. Muchos jóvenes, en plena etapa de desarrollo, desertan de las escuelas, porque estudiar, tener valores y aspirar a ser ciudadanos íntegros parece haber dejado de ser “popular”. La sociedad, cada vez más atrapada en un consumismo acelerado y competitivo, promueve estilos de vida que poco tienen que ver con la construcción de una cultura de paz.
Ante este panorama, urge replantear el enfoque social de la educación y la crianza. La familia, como base de la sociedad, debe asumir su rol con responsabilidad y visión integral: ser guía, acompañar con empatía, promover valores y formar seres humanos reflexivos, éticos y capaces de convivir bajo principios de respeto y buen trato.
En este sentido, la educadora social e investigadora en neurociencia infantil y adolescente, Tania García, propone los 20 principios de la Educación Real, un modelo basado en el respeto, la ética, la empatía, el acompañamiento emocional, la lógica y la evidencia científica. Según García, no se trata de una alternativa más, sino de la única vía posible para construir una sociedad en la que las personas se respeten a sí mismas y a los demás.
Los 20 principios de la Educación Real
– Respeto: atender las necesidades cerebrales y psicoemocionales reales.
– Empatía: escuchar y conectar con las emociones de quienes acompañamos.
– Acompañamiento emocional: guiar en la identificación y comprensión de las emociones.
– Lógica: educar con sentido común y coherencia.
– Guía: orientar sin imponer autoridad, con paciencia y respeto.
– Amor incondicional: fomentar afecto sano y aceptación plena.
– Ejemplo: ser coherentes entre lo que decimos y hacemos.
– Dejar fuera el ego: evitar reproducir patrones de control y castigo heredados.
– Sin etiquetas: reconocer que todos tienen días buenos y malos, sin estigmatizar.
– Su opinión importa: escuchar y validar sus decisiones y emociones.
– Cuidar la autoestima: cada palabra y gesto incide en su desarrollo.
– Sin miedo: educar sin intimidación ni amenazas.
– Sin discriminación: guiar sin coartar derechos ni libertades.
– Evidencia científica: basar la práctica en estudios que descartan castigos y gritos.
– Respeto al cuerpo: enseñar que cada persona es dueña de su cuerpo.
– Adaptarse a ritmos: ser flexibles y atender necesidades reales.
– Ética: promover dignidad, intimidad y confianza.
– Cuidarse a sí mismo: el bienestar personal es clave para educar.
– Compromiso: asumir la Educación Real como práctica consciente y diaria.
– Libre de adultocentrismo: garantizar igualdad y no discriminación en todo ámbito social.
La Educación Real no es una utopía, sino una necesidad urgente. Si queremos una sociedad más justa, pacífica y respetuosa, debemos replantear cómo educamos y cómo criamos. La pregunta que queda abierta es: ¿Vamos a seguir siendo cómplices de un sistema que destruye la infancia y normaliza la violencia, o tendremos el valor de romperlo de raíz y construir una nueva forma de educar?
La Doctora Ingrid Suárez cuenta con 20 años en la docencia, es escritora, columnista para varios medios de comunicación y prensa escrita, catedrática y profesora investigadora, doctora en Didáctica y Organización Estratégica, egresada de la Universidad de Sevilla, España donde alcanzo el más alto honor sobresaliente Cum Laude. Posee varias especialidades en gestión y liderazgo educativo.



